Sobre ‘Girls’ y bottle episodes

La serie de Lena Dunham se consolida en su tercera temporada mientras sigue dejando claro que apuesta por el concepto de episodio por encima de todo. “Beach House”, un bottle episode en toda regla, es la última muestra de ello.

Esta tercera temporada de Girls me está pareciendo la mejor hasta la fecha. Creo que Lena Duham ha corregido ciertos excesos en la construcción de personajes, ha mejorado ostensiblemente su interpretación —ahora Hannah Horvath se nos presenta de una forma más sutil, sin amaneramientos— y ha afilado esa ironía que la serie siempre tuvo pero que en el pasado había dado lugar a ambigüedades. A pesar de todo, sigo pensando que la serie flaquea en el desarrollo de tramas de largo recorrido, como ya escribí hace un año a propósito de su segunda temporada. Soy de la opinión de que Girls no es una serie de personajes sino de momentos, de captura de instantes reveladores. Por eso mismo, creo que donde explota todo su potencial es cuando concibe episodios cerrados a la manera de bottle episodes.

La segunda temporada ya tuvo uno muy comentado, “One Man’s Trash” (2×05), en la primera fueron “Welcome to Bushwick (aka The Crackcident)” (1×07) y el episodio final “She Did”. En esta tercera temporada, la serie ha repetido la fórmula en “Beach House” (3×07) volviendo a demostrar que Lena Dunham apuesta por reivindicar el concepto de episodio, tan desdeñado en los últimos tiempos a causa del auge del binge-watching y de esa manía de llamar ‘procedimental’ a todo aquello que no es descaradamente serial.

Este tipo de episodios funcionan en Girls como cortometrajes, como relatos cerrados con principio y final que permiten revisar a los personajes desde una nueva óptica. Así sucedía en “One Man’s Trash” y lo mismo ocurre en “Beach House”. Una escapada a la playa sirve como excusa argumental perfecta para que las cuatro protagonistas evidencien que su amistad está en crisis. El episodio conecta con la tradición cinematográfica del grupo de amigos que se reúne para pasar un fin de semana juntos —en la línea de Reencuentro (The Big Chill) o Los amigos de Peter— para terminar comprobando todo aquello que los une y los separa al mismo tiempo. Hábilmente disfrazado bajo una apariencia naif, estamos ante un gran ejercicio de madurez de la serie en el que las dos escenas obligatorias son portentosas. Por un lado, el estallido de Shoshanna en el momento de máxima tensión del episodio funciona por inesperado y, al mismo tiempo, constata lo mucho que ha evolucionado este personaje —quizá el único— desde el inicio. La otrora ingenua Shoshanna ahora no puede evitar mirar a Hannah, Marnie y Jessa con una mezcla de cinismo y hastío. Por otro lado, el imprescindible momento de reconciliación se produce en una escena muda de una finura a la que Girls no nos tiene acostumbrados y que remite nuevamente a “One Man’s Trash”. En oposición a la verborrea autocomplaciente de todo el episodio, aquí unos pasos de baile son gesto suficiente para la puesta en escena de la reconciliación del grupo de amigas. Tras la bronca monumental del día anterior, ahora bailan sin cruzar la mirada. Las discrepancias siguen estando ahí pero, inevitablemente, las coincidencias afloran. Sencillamente brillante.

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