‘House of Cards’ y el efecto Netflix

El estreno de la segunda temporada de House of Cards se ha convertido en uno de los acontecimientos televisivos del año. Netflix está sacudiendo el modelo clásico de televisión a través de una propuesta comercial que ha logrado conectar con los seriéfilos.

Hace un año el estreno de House of Cards fue recibido con una mezcla de desconfianza y desconcierto. Desconfianza porque la irrupción de Netflix en la producción de contenido original generaba dudas. Nadie había prestado atención a Lilyhammer, meses atrás. Por eso, muchos se preguntaban si aquello iba en serio o era sólo una maniobra desesperada ante la dificultad cada vez mayor de obtener derechos de distribución de contenidos ajenos. Por otra parte, el desconcierto provenía de la forma en la que Netflix anunciaba que iba a ofrecer sus nuevas series: estrenando todos los episodios de la temporada el mismo día, rompiendo con la tradicional periodicidad de la serialidad televisiva. Ante esta medida, era lícito —y sigue siéndolo— preguntarse si debía llamarse televisión a aquello que Netflix iba a producir o había que buscar otros apelativos. Además, a efectos prácticos, la libertad que Netflix ofrecía al espectador alteraba el concepto de spoiler y cogía a contrapie a los medios acostumbrados al recap semanal.

Sin embargo, durante este año, hemos asistido a un posicionamiento firme de Netflix, nos hemos hartado de leer sobre el binge-watching, ha habido nuevos episodios de Arrested Development, de Lilyhammer, hemos visto como Orange is the New Black se convertía en algo así como el fenómeno de la Navidad, Robin Wright se hizo con un Globo de Oro y House of Cards ganó tres Emmys que, aunque menores, dieron mucho que hablar. Por todo ello, la segunda temporada de la serie, a diferencia de la primera, se ha estrenado con todo el ruido mediático posible, elevándose a la categoría de acontecimiento del momento. El mérito no es tanto de House of Cards sino de la importancia que ha adquirido Netflix en los últimos meses como agente renovador del panorama televisivo internacional. De hecho, la recepción que tuvo la primera temporada fue más bien fría por parte de crítica y público. Sin embargo, el “efecto Netflix” —algo parecido a lo que viene sucediendo desde hace tiempo con HBO— ha originado que esta segunda temporada de House of Cards se haya vivido con una excitación y una urgencia inusuales. Muchos espectadores que habían abandonado la primera temporada con la intención de retomarla más adelante se han visto casi forzados a terminarla con premura ante el inminente estreno de los nuevos episodios y la amenaza, claro está, de toparse con algún spoiler indeseado. Pero más allá de eso, el visionado de la nueva temporada se ha convertido en una alocada carrera al sprint que no admite titubeos, o al menos, esa es la sensación que me queda después de comprobar como la mayoría de seriéfilos de mi entorno —incluido yo mismo— nos hemos ventilado los 13 episodios de la temporada en no más de tres días.

La experiencia de Netflix pone de manifiesto dos hechos relevantes. Por un lado, que el binge-watching funciona. Da igual que muchos teóricos dudaran de su aceptación, da igual que Netflix se quedara sola con su apuesta porque Amazon optó por una distribución fragmentada de sus comedias Betas y Alpha House. Todo eso da igual. En definitiva, lo que ha sucedido es que Netflix ha encontrado la manera de conectar con el seriéfilo trasladando a la televisión el impacto del blockbuster o del best-seller contemporáneo por entregas. De la misma forma en la que los fans de Canción de hielo y fuego cuentan los días hasta la publicación de un nuevo libro de la saga para luego ser los primeros en adquirirlo y devorarlo en cuestión de horas, Netflix ofrece al seriéfilo la misma experiencia —cuenta atrás incluida hasta las 12 a.m. hora del Pacífico. Con la primera temporada se podía tener la sensación de que, dos semanas después de su estreno, ya nadie hablaba de House of Cards, que su impacto había sido fugaz. Ahora, sin embargo, poco importa si dentro de unos días ya ha bajado el soufflé, durante este breve periodo de tiempo Netflix ha conseguido que las andanzas del matrimonio Underwood sean EL TEMA de conversación tanto en los medios como en las redes sociales.

Por otro lado, creo que queda claro que la apuesta de Netflix conduce irremediablemente a un cambio en el formato serial que aún está por explotar en todo su potencial. ¿Os imagináis una serie dedicada explícitamente a generar misterios, al estilo Lost, en el formato Netflix? ¿O qué tal algo en la línea de Game of Thrones? Lo mejor aún está por llegar.

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